Then they followed
where the vision led,
and saw their sleeping child
among tigers wild.

(William Blake, The little girl found - fragmento).

Es una madrugada sacada de algún poema de Salvo el crepúsculo. Merecería ser vivida en un país extranjero, desconocido.
La primera noche de muchas. Merecería tenerte cerca, en mi boca, como al vicio del tabaco retomado. Y, sin embargo, no tengo una naturaleza solitaria. Mi espíritu es más bien gregario y mi alma me exige comunidad a la hora de la cena. Amalia me enseñó a diferenciar lo uno de lo otro: el espíritu del alma.

Más allá de mi voluntad y lejos de mis deseos, tengo una mente concebida para el orden y la sinceridad. Es en el método que encuentro mucho de los placeres estéticos de la vida cotidiana.

Pocas acciones me resultan más deleznables que la de poner la otra mejilla. La inmolación de la propia prioridad por la felicidad sugerida del resto o, peor aún, por su comodidad. Es una elección lastimera, impiadosa de esas personas que, no importa cuáles sean sus circunstancias, están bien dispuestas a sobreponer a su cargo el de alguien más. Estando mal se encuentran lo suficientemente bien. Un estoicismo deshonesto y absurdo. Ridículos. Obscenos. ¿Quién puede transportar un cuerpo muerto por amor?