PoetasMarch 28, 2006 9:23 pm

Stop all the clocks, cut of the telephone
Prevent the dog from barking with a juicy bone
Silence the pianos and with a muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He Is Dead
Put crêpe bows round the white necks of the public doves
Let the traffic policemen wear black cotton gloves

He was my North, my South, my East and West
My workingweek and my Sundayrest
My noon, my midnight, my talk, my song
I thought that love would last forever: I was wrong

The stars are not wanted now, put out every one;
Pack up the moon and dismantle the sun;
Pour away the ocean and sweep up the wood
For nothing now can ever come to any good.

W. H. Auden

W. H. Auden también escribió: El arte surje, por una parte, de nuestros deseos de belleza y verdad, y, por otra, de nuestro conocimiento de que ambas cosas no son iguales.

EscritosMarch 19, 2006 7:43 pm

La niña era un ser hecho para amar, hasta que se hizo muchacha y aparecieron los hombres.
(“Una historia de tan grande amor”, Clarice Lispector.)

Como por arte de magia. Un truco del que se conocen los motivos secretos, su envés de realidad. Así lo amo sin perdonarlo, como si fuese posible.

En la imposibilidad de nuestro vínculo también pensaría él cuando me envió este poema de Roberto Juarroz.

Me doy vuelta hacia tu lado,
en el lecho o la vida,
y encuentro que estás hecha de imposible.

Me vuelvo entonces hacia mí
y hallo la misma cosa.

Es por eso
que aunque amemos lo posible,
terminaremos por encerrarlo en una caja,
para que no estorbe más a este imposible
sin el cual no podemos seguir juntos.

Llueve a cantaros, sapos de punta o ranas muertas; baldazos. Mi perra duerme ovillada en su camita, que traje del dormitorio y acomodé al lado del escritorio de la computadora. Escucho el grito desgarrador de I put a spell on you. Me pregunto qué me separa de la alegría de estar viva. ¿Ya no disfruto de mojarme? Caminé dos cuadras por la calle Ramallo sin paraguas ni piloto, con gotones colándose por la séptima vértebra y resbalando por mi espalda hasta el sacro-cóccix. Cuando encontré un taxi desocupado, venía por el camino que me alejaba de esta casa en lugar de acercarme. De cualquier manera lo detuve. Me acomodé muda al volumen demasiado alto de la radio, a los ojos verdes del chofer que cada tanto miraban por el espejo retrovisor y, de casualidad, por un instante, chocaron a los míos oscuros y momentáneamente ciegos. En mi mente repasaba una secuencia de cien discusiones. Y ahora que el taxi me acercaba a la casa que compartimos, parte de mí, esencialmente, huía hacia el lado contrario, ¿hacia dónde? Cada vez me definen menos palabras y ningún lugar.
En la boca tengo el gusto generoso de una aceituna negra y carnosa. Hace dos días que como recuerdos, que me alimento de sensaciones y líquido. Es el primero de todos los vicios de mi tristeza. Empezaré a fumar con más asiduidad, las cutículas ganarán terreno sobre la superficie de mis uñas, dos hamacas tejidas con hilo negro colgarán de mis párpados inferiores y la pesadez de muchos sueños adeudados me abatirá a media tarde.
¿Cuántas personas ya no llegaré a conocer?

Soy como un animalito que salvaste de esta misma lluvia y con el que ahora no sabes qué hacer.